EN LA CABEZA DE UN JOVEN

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Para ponerse en la cabeza de un joven, basta con retrotraerse a cuando uno lo era y, a continuación, recordar las ilusiones que teníamos. Queríamos ante todo un trabajo y alcanzar la independencia personal a través de un sueldo fijo. Pretendíamos ese alquiler de vivienda que nos permitiera vivir a nuestro aire, para entrar y salir de casa sin dar cuentas a nadie, ni mucho menos despertarles (como a nuestros padres) de su sueño nocturno. Teníamos ganas de gastar de bolsillo propio, de ahorrar porque sí o para la entrada de un piso, y de tener pareja e incluso llegar al matrimonio e hijos.

 

Es muy fácil definir la juventud como el período más bonito de la vida, porque también es un comenzar a vivirla con recursos propios, y el paro es una frenada en seco para todos estos sueños que tiempo atrás otros pudimos cumplir.

 

También es cierto que la corrupción, las injusticias, el paso del tiempo y nada, el desaliento o la emigración, están agrandando un problema de cientos de jóvenes sin nada que hacer, cuyos sueños se resumen en uno sólo: trabajar.

 

Nos hemos convertido en una sociedad de cifras y porcentajes, pero sin soluciones visibles. Que si hay tantos millones de parados, que si tanto porcentaje de jóvenes desempleados, que si en el mes equis va a haber dos mil parados más, y en el año 2019, dicen ahora los grandes empresarios, que del 26 por ciento de paro puede bajar a un 11. Sin ilusión y sin ganas de alcanzarla, poco más se puede añadir. Los cambios del futuro pueden venir por lo que cada cual espere mejorar con respecto a su vida actual. Perderse en discusiones varias un día tras otro, no conlleva porvenir alguno para quienes anhelan tan justamente un trabajo tras concluir su formación. No me quiero olvidar de la necesidad en sí de trabajar para subsistir, para comer y poder pagarse lo básico. Si seguimos así, más temprano que tarde el sistema será cuestionado gravemente. Este siglo lo prometía todo y no da nada. Que cada vez menos tengan más, mientras las posibilidades de la mayoría se diluyan en tener sólo aspiraciones sin conseguir nada, es una bomba de relojería. Los avisos se suceden, las soluciones no llegan, y los logros se dividen entre quienes los ven cumplidos y los que no. No somos quien para hurtar los sueños de juventud de nadie y el tiempo va en contra de todos.