VIDAS OLVIDADAS DE MISIONEROS

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La Madre Teresa de Calcuta, la misionera a quienes reyes, ricos y televisiones de todo el mundo, no paraban de visitar en la India, decía a quienes la reverenciaban con tanto interés que, sin amor, no hay justicia social que valga. Esta protectora de los pobres a pie de calle pertenecía a las Hijas de la Caridad, un término que lo dice todo, pero no deja de ser una de tantas congregaciones religiosas que pisan la tierra del hambre y la penuria, para poner ese pequeño granito propio que es la comprensión y el amor del que hablaba la Madre Teresa.

 

Seguro, seguro, que Manuel Pajares y Manuel García Viejo, misioneros también (de la Orden de San Juan), dieron sus vidas satisfechos de haberla compartido junto a los necesitados, como antes que ellos hicieron otros misioneros que tampoco serán los últimos. Lo penoso de estas muertes es que las ha hecho mediáticas el ébola, y no el hambre y la falta casi total de sanidad que hay en Sierra Leona y otros tantos puntos de África, Asía o Sudamérica. Ha interesado mucho el avión que les repatriaba para morir en España. También han dado para muchos minutos de televisión las medidas de seguridad anticontaminante tomadas en el hospital que les trató la enfermedad. Una vez muertos, la normalidad ha vuelto a las vidas de tantos misioneros abandonados a su suerte, salvo por sus congregaciones, pero que no interesan más, a nadie, en nada que no se acompañe de morbo.

 

Somos muy inhumanos con la suerte que corran otros, pese a estar suficientemente informados del socorro clamado por ciudades, países y continentes concretos. ¡Al cuerno!, con el Cuerno de África y sus miserias. Se ha dicho y escrito tanto sobre la necesidad en forma de hambrunas, guerras, exiliados, pandemias, refugiados y holocaustos, que a no ser de tocarte de cerca, pasamos página sin leerla. Organizamos nuestras vidas en la foto fija de que bastante tenemos con lo que pasamos, como para preocuparnos de los demás. Pero no es cierto. De hecho es una grandísima mentira que nos hemos montado en torno a pasar de los demás. Por mucho que quisiéramos entenderlo, ¡jamás se nos ocurra comparar lo que pensamos y lo que hacemos al amor que ofrecen y entregan los misioneros en sus destinos, mientras los demás seguimos hablando de una justicia social para todos que nunca llega!

 

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