CANTABRIA EN EL CORAZÓN DE EMILIO BOTÍN

En el último adiós al banquero Emilio Botín, y entre halagos a la profunda huella que deja en muchos lugares pero mucho más en su tierra natal, surgen las preguntas de si le sucederá alguien que se comprometa con Cantabria como él lo hizo. En España tenemos la fea costumbre de, cuando se muere alguien importante, lo queremos contar todo sobre su vida en una misma jornada, con el tiempo que hay por delante para poner las cosas en su sitio y reconocer como merecen a todos aquellos que supieron triunfar al tiempo que desprendían una generosidad visible. Hablo del Hospital Valdecilla, la Universidad de Cantabria, Altamira y Santillana del Mar, Comillas y en los últimos años (¡y de qué manera!) Santander. Todos son exponentes de la convicción que tenía Botín de que una sociedad con mejor educación, con buena cultura y con lugares ejemplares para exponerla, son pilares para un buen desarrollo futuro.

No son buenos tiempos para la reputación de la banca porque estamos en línea de salida de una crisis que ha durado demasiado tiempo y ha hecho mucho daño. Emilio Botín Sanz de Sautuola dio oxígeno a este país en sus peores momentos, mediante un discurso optimista que se podía permitir gracias a un fuerte Banco de Santander, internacional por los cuatro costados. Al mismo tiempo, decidió proyectar vertigionsamente a la Cantabria que llevaba tan profundamente en el corazón, el mismo que le ha fallado a poco de cumplir ochenta años.

Es injusto que se haya ido antes de inaugurar su Centro Botín. Pienso que era hombre que lo dejaba todo atado, y lo digo porque la maravilla de edificio de Renzo Piano siempre estará ahí para recordarle como mecenas fundamental de la Cantabria moderna, que ha sabido preservar lo mejor de su historia hasta convertirla una comunidad que proyecta cultura de primer orden. Se ha ido también un día antes de que empezase el Mundial de Vela de Santander, como pionero de una familia que ha llevado por todo el mundo la marca Santander y a sabiendas de lo importante de preservar algo logrado con tanto esfuerzo y tesón. Cuando falta el viejo y sabio profesor, queda la escuela de discipulos que dejó atrás. Esto es hoy el Banco de Santander y la Fundación Botín. Son dos grandes instituciones completamente afianzadas en las raíces de este pueblo y gozan de una tremenda fortaleza para continuar en los caminos emprendidos. Emilio Botín ha recogido muestras de dolor y reconocimiento en todas partes, síntoma de que supo muy bien combinar los proyectos financieros con el lado social de muchos de sus gestos.