Jornadas de descanso en León

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El día de nuestra llegada a la ciudad de León quisimos visitar la Catedral. Al entrar en el templo nos recibió una taquilla y una barra que impedía nuestro paso. Según nos explicaron era preciso pagar para acceder al recinto catedralicio. Si la visita no era turística uno podía meterse en una capilla exterior.

Al día siguiente quisimos otra vez acceder a la Catedral. Esta vez no pudimos entrar al templo ya que el edificio estaba ocupado por una boda.

Según he podido leer en los periódicos, los responsables del mantenimiento de la Catedral se han visto obligados a cobrar entrada debido a los grandes gastos que supone tener abierto un edificio de esas dimensiones y valor (rehabilitación, conservación, personal, etc.).

Independientemente del precio de la entrada (de gratuita a 5€ según el tipo de visitante) y de los servicios que ésta incluya (audio-guía y visita al claustro), cabe preguntarse si exigir un dinero para acceder a un templo y equipararlo a un monumento o un museo -comparación que realizan los promotores de esta medida- no despojan al lugar de su espiritualidad.

Recuerdo que estando en Fromista visitamos la Iglesia de San Martín. Para entrar tuvimos que comprar una entrada, que por ser peregrinos fue de 1 €. La mera compra no convierte la Iglesia en un edificio. Del mismo modo que uno puede disfrutar de los cuadros del Museo del Prado, el valor cultural y la belleza arquitectónica de San Martín no empalidecen por el dinero entregado. La sombra del euro no es tan alargada. No obstante, antes de ir teníamos claro a qué íbamos.

A mí me enseñaron que un templo siempre está abierto, aunque la cancela esté puesta. La taquilla y la barra definen el objetivo de la visita y excluyen aquellos propósitos que parecen incompatibles con el intercambio de servicios.