LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

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Durante el tiempo de Pascua bastantes jóvenes reciben el don del Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación y completan su iniciación cristiana. En esta breve carta pastoral hago una reflexión sobre los dones del Espíritu Santo.

“Tú, Espíritu de los siete dones”. Esta frase del himno latino “Veni, Creador Spíritus”, nos recuerda la doctrina tradicional de los siete dones, que antes ocupaba un lugar importante en la catequesis y en la vida cristiana. Hoy bastantes cristianos desconocen esta doctrina. Es una lástima. El Papa Francisco en las catequesis de los miércoles en la Plaza de San Pedro en este tiempo de Pascua está haciendo unas preciosas catequesis sobre cada uno de los siete dones. Recomiendo su lectura.

El nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nos dice sobre le tema:
Nº 1830: “La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo”.

Nº 1831: “Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cfr. Is 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas”.

La lista de los dones del Espíritu tiene su origen en la Sagrada Escritura, en el texto mesiánico de Isaías 11, 1-2. Cuando el profeta anuncia el nacimiento del futuro Mesías dice: “Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor” ( Is 11, 2). Así el Espíritu confiere al Mesías las virtudes de sus grandes antepasados: sabiduría e inteligencia como Salomón; prudencia y fortaleza como David; conocimiento y temor de Dios como los patriarcas y profetas, Abrahán, Jacob y Moisés.

La lista de los siete dones la encontramos confirmada también en San Ireneo, en Orígenes y posteriormente en San Agustín. A partir de ellos los testimonios son frecuentes en los autores cristianos y en la literatura espiritual.

En el sacramento de la Confirmación el Espíritu Santo desciende con sus siete dones sobre el confirmando, para llenarlo de ellos. El cristiano vive como hijo de Dios, cuando se deja conducir por el Espíritu (cfr. Rom 8, 14).

La gran doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús, nos dice en el libro de las Moradas que quien se rige solamente por las virtudes es como el navegante que trabajosamente llega al puerto usando penosamente los remos; pero pronto y más seguro llega quien despliega las velas de los siete dones del Espíritu Santo.