MUCHO PARO Y MALOS TRABAJOS

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Pensar en tanto paro me embota la cabeza. Tras cinco largos años de crisis, ver que sube y no baja, resulta desmoralizante. Menos mal que un sondeo entre el empresariado cántabro delata que se aprecia ilusión en los auténticos creadores de puestos de trabajo. De no ser así, vete a saber en que depararía la nueva cifra oficial de parados que se sitúan en 58.400 personas que pasan los lunes al sol. Bien, hay tres cuestiones relativas al poco empleo que se crea, que asombran a los que tenemos la suerte de trabajar y dejan quietos parados a los que esperan su oportunidad. La primera es la precariedad en el tiempo del nuevo empleo; la segunda son las exigencias desmedidas para trabajos que antes casi nadie quería y, la tercera, la usurera compensación de sueldo en comparación a horarios laborales interminables. Hay quien piensa que pararse en estos pequeños grandes detalles es de mal agradecidos, pero habría que conocer al tiempo todo lo que dicen por lo bajinis, si un hijo encuentra su primera oportunidad y le contratan con estas condiciones. Por decirlo ya todo: por no haber, no hay ni malos empleos, porque siempre hay alguien auténticamente necesitado que dice sí a la pésima calidad del salario que le ofrecen. El escenario pinta mal, ya lo veo, pero mi optimismo se sustenta en que siempre se puede dar la vuelta a la tortilla para que su aspecto sea manifiestamente mejorable.

En el individualismo hay que buscar la permanencia e insistencia de esta pandemia del siglo XXI que se llama paro. El nuestro es un país muy individualista. Gobiernos por un lado, empresarios por otro, sindicatos y fuerzas políticas, económicas y sociales, cada uno defendiendo su propia postura. Se pierde mucho tiempo, esfuerzos y recuperación en los debates que los parados ven como que no va con ellos y con su situación personal concreta. Tienen razón en mostrarse cansados, tras un año, dos o más de tres buscando empleo sin resultado alguno. Más que reformas, hay que empezar a buscar soluciones en la mentalidad de este país. Porque yendo cada uno por un lado distinto es como no se consigue nada. A poco que nos fijemos de verdad en lo que se hace en otros países europeos, apreciaremos que son piña en cuestiones que consideran por encima de todo, como el empleo. Desgraciadamente, por ahora, este no es nuestro caso.