La herida del paro en el periodismo.

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Quienes interesadamente pronostican como incurable enfermedad la que padece el periodismo, se equivocan de cabo a rabo. La libertad de informar y la libertad de expresión siguen siendo anhelos de gran calibre, a los que no puede sustituir sin más una economía que produce y rueda bien, como la de países emergentes donde se lucha aún por hablar y escribir lo que se quiera. Nunca se ha dicho, pero lo mejor de la Marca España es su periodismo. Una vez tras otra, la paradoja de esta sociedad es su insistencia en presentar noticias que son sólo humo y, como tal, nunca llegan a cumplirse, y luego está esa tendencia a la bravuconada cuando se presenta cualquier cuestión, y a continuación se la tilda como la mejor del mundo. Seguir el juego a esta especie de costumbrismo nacional, seguramente nos haya costado a los periodistas caer en picado dentro de la lista de la valoración que tienen los ciudadanos sobre determinadas profesiones y profesionales. Este hecho, junto a un par de cuestiones más que voy a abordar, es una seria herida, pendiente de cicatrizar.

Dentro del gran despropósito que supone la grave crisis de trabajo y de paro general, los medios de comunicación han estado a la altura, y hay que decirlo. El periodismo social está más presente entre nosotros que nunca, contando injusticias, desahucios, recortes, emigración, esperanzas, necesidades e incluso hambres. La atención por lo que conocemos como interés general, la información de servicio a los demás, ha sido siempre prioritaria a la noticia que suponemos nosotros mismos, con miles de periodistas que pierden su trabajo o aquellos que no encuentran su primera oportunidad para ejercer esta maravillosa profesión.

Cuando se plantea que el exceso de individualismo es grande entre la profesión, creo que no somos del todo justos, porque desde la unidad hemos recorrido un camino para rebajar entre todos viejos problemas como el intrusismo profesional. Alguien que pone una web, no se puede llamar periodista, porque no lo es y el futuro que le espera es corto. Hay que formarse muy bien para ejercer la responsabilidad de ser periodista, y la administración pública debe ser la primera en hacer cumplir estos requisitos que se piden también para otras profesiones. Le planteo lo mismo a las empresas. Su comunicación no la pueden poner en manos inexpertas, y deben contar con auténticos periodistas. El mejor antibiótico contra la herida que tiene el periodismos, es que todos los miembros de las asociaciones de la prensa tenga un hueco en el mundo laboral que ofrece la prensa, la radio, televisión e Internet. Esta es la mejor garantía de que estamos contentos con el camino que siguen en España los medios de comunicación. El empleo es la auténtica reivindicación que luego asegura la prevalencia de una libertad de expresión que se sustenta en un trabajo serio y riguroso de los periodistas. Que se lo grabe bien las administraciones y las empresas.