La caridad y solidaridad ante la crisis económica actual – Reflexiones para el Adviento

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El mi carta pastoral anterior reflexionaba sobre la sobriedad de vida ante la crisis económica. En la reflexión de hoy me voy a fijar en la caridad y solidaridad. El apóstol San Pablo nos amonesta en la carta a los Romanos: “Compartid las necesidades de los demás” (Rom 12, 13). La fe en Dios y su reconocimiento nos impulsa a no desentendernos de los demás, como respondió Caín (cfr. Gn 4,9). En definitiva, nos invita al amor, a la caridad y a la solidaridad. Cada uno de nosotros somos cuidadores de los otros hermanos de camino. Debemos compartir las necesidades de los hermanos en la familia de la fe y en la familia de la humanidad. El mismo Padre del cielo nos hace hijos y hermanos. Los bienes de la tierra están destinados a la humanidad entera, que debe ser como una familia.

La familia es un recurso insustituible en situaciones de crisis. Probablemente el momento presente haya despertado en muchos el sentido de familia, al tener que acudir a ella y experimentar su ayuda fundamental. El hogar es el cobijo en las situaciones de intemperie. Por ello, una lección que debemos recordar en la etapa que estamos atravesando debe ser el agradecimiento, la defensa y la protección de la familia.

¡Cuidemos esta comunidad de vida y amor, este techo protector en la salud y en la enfermedad, en el gozo y en la tribulación, en la cercanía y en la distancia!

Desde que la crisis comenzó a arreciar han surgido iniciativas encomiables tendentes a ayudar a las personas, y a paliar la penuria y sus consecuencias. La oración desencadena y promueve en nosotros el dinamismo de la caridad y de la solidaridad.

Los numerosos gestos, tan admirables que se están multiplicando entre nosotros, son como lámparas encendidas que nos marcan por donde debemos caminar. Una persona generosa estimula; una persona egoísta decepciona.
Sin desconocer la ayuda de otras instituciones y personas, debemos agradecer públicamente a Cáritas, Manos Unidas, Congregaciones religiosas, parroquias, asociaciones cristianas, cofradías, etc. su colaboración generosa y ejemplar. La colaboración de los cristianos debe ser transparencia de Jesucristo, Buen Samaritano.Por supuesto, la atención más intensa a necesidades básicas y primarias de las personas no cierra la mirada al horizonte de al promoción social y de futuro. Junto con las familias, diversas instituciones de la Iglesia y de la sociedad prestan en la coyuntura actual una ayuda necesaria y muy apreciada socialmente.

¿Cómo no recordar a los numerosos voluntarios? Es motivo de satisfacción el que a medida que aumentan las necesidades haya aumentado también el número de voluntarios y la colaboración económica. Un voluntario social cristiano ejerce un servicio que procede de un corazón animado por la fe y por el amor de Dios y del
prójimo. En nombre de la Iglesia y de los beneficiados por este servicio, agradecemos su generosidad a todos los voluntarios.

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