REFLEXIONES PARA EL ADVIENTO

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Los cristianos no vivimos la fe, la esperanza y la caridad al margen de las situaciones históricas; la fe no es evasión alienante, sino luz transformadora y fuerza de Dios en medio de la historia. Al convocar el Año dela fe, que hemos clausurado, el Papa Benedicto escribía: la fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin la fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente de modo que una permite a la otra seguir su camino (cfr. Porta fidei, 14). Y el Papa Francisco en su primera encíclica Lumen fidei escribe: “fe, esperanza y caridad, en admirable urdimbre, constituyen el dinamismo de la existencia cristiana hacia la comunión plena con Dios” (Lumen fidei, 7).

Como cristianos nos preguntamos también por nuestra orientación en medio de la situación actual de crisis económica y ética: ¿De qué forma la fe en Dios nos ayuda a soportar la crisis y a trabajar sin descanso por superarla?

La crisis, en la que estamos inmersos, golpea duramente a muchas personas y familias, a poblaciones enteras, incide de forma especial en los jóvenes, que padecen por el retraso indefinido de su primer puesto de trabajo o tienen que emigrar para poder trabajar. Esta situación suscita penosos interrogantes: ¿Preparados profesionalmente, para qué? ¿Cómo formar una familia en esas condiciones? ¿Cómo no sentirse humillados al continuar dependiendo de la familia? Con la cabeza y el corazón debemos comprender su situación; y a pesar de las duras pruebas, alentar la esperanza, comprometiéndonos con ellos en la realización de sus nobles aspiraciones y mejores sueños.

La crisis ha puesto de relieve cuestiones humanas de fondo, que deben ser consideradas para buscar solución. No es solamente cuestión económica y financiera, sino también laboral y social, de armonización de trabajo y vida de familia, de trabajo y descanso, de distribución del trabajo disponible, porque la mecanización, la informatización y la globalización crean situaciones nuevas.

La crisis es, al mismo tiempo, desconcierto y búsqueda, sufrimiento y esperanza, final de una etapa y vislumbre de otra, examen de conciencia sobre los fallos cometidos y semilla de orientaciones futuras.

¿Qué actitudes cristianas debemos adoptar ante la crisis actual? En las siguientes cartas pastorales de este Adviento 2013, haré algunas reflexiones de carácter humanista, moral y pastoral. Sin saber qué es el hombre, ¿cómo vamos a acertar con los caminos de su auténtica realización? “Sin Dios el hombre no sabe dónde ir ni tampoco logra entender quién es. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa” ( Benedicto XVI, Caritas in veritate, 78).

En estas cartas pastorales seguiré muy de cerca las páginas del libro de Mons. Ricardo Bláquez, Del Vaticano II a la nueva evangelización, especialmente el capítulo dedicado al Año de la fe.

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

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