HOMILÍA OBISPO CLAUSURA DEL AÑO DE LA FE

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Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, seminaristas, miembros de vida consagrada y fieles laicos.
?Con gozo celebrábamos la Eucaristía de apertura del Año de la fe en nuestra Diócesis, en la festividad de la Virgen del Pilar, el 12 de octubre de 2012. La celebración tenía lugar en esta misma S. I. Catedral, en comunión con toda la Iglesia y en sintonía con el Papa Benedicto XVI, que lo convocaba con la carta apostólica Porta fidei.
?Con renovado gozo y crecida alegría, hoy, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, clausuramos con esta Eucaristía de Acción de Gracias el Año de la fe bajo el pontificado del nuevo Sucesor de Pedro el Papa Francisco, que según sus palabras en la encíclica Lumen fidei ha sido un tiempo de gracia que nos ha ayudado a sentir la gran alegría de creer (cfr. Lumen fidei, 5).

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

?Clausuramos el Año de la fe en la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, que es, a su vez, culminación del año litúrgico. La liturgia de la fiesta nos presenta a Cristo como centro del cosmos y de la historia, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. El Concilio Vaticano II expresa magníficamente el sentido de la festividad en un texto fascinante de la Constitución Gaudium et Spes: “El Señor es el fin de la historia humana, ‘el punto focal de los deseos de la historia y de la civilización’, el centro del género humano, la alegría de todos los corazones, la plenitud de sus aspiraciones” ( GS 45).
?El resumen de las lecturas bíblicas en el ciclo C es el siguiente: En la primera lectura, David es elegido pastor y rey de Israel. El pueblo dijo: “somos hueso tuyo y carne tuya”(1ª lectura). David anticipa y encarna la figura de Cristo, que en el misterio de la cruz, reúne a toda la humanidad y la guía a la salvación (Evangelio). Su Reino no se fundamenta en la fuerza, sino en la debilidad, no en el poder, sino en el servicio, reconciliando la tierra con el cielo, a Dios con los hombres por la sangre de su cruz (2ª lectura).El crucificado es el Rey de los judíos. Dios reina desde un madero, el “madero de la cruz”. Dios reina desde la cruz con su amor.

Acción de gracias por el Año de la fe

En este día damos gracias a Dios, que ha estado grande con nosotros y estamos alegres (cfr. Ps 125) por tantos dones que nos ha concedido. Enumero los principales:
1. La celebración misma del Año de la fe, que ha querido ser una renovada conversión al Señor Jesús y al redescubrimiento de la fe, de modo que todos los miembros de la Iglesia hemos tratado de ser para el mundo actual testigos gozosos y valientes del Señor Resucitado, capaces de señalar la puerta de la fe a tantos que están en búsqueda de la verdad.
2. El Año de la fe fue precedido de la Conmemoración Jubilar Lebaniega. Las acciones de este Jubileo del “Lignum crucis” han quedado reflejadas en una publicación de la Diócesis.
3. La carta Pastoral, que escribí con este motivo, titulada El Año de la fe y la renovación de nuestra Iglesia diocesana, fue una orientación para articular la Programación Pastoral del curso 2012-2013, y para desarrollar las acciones programadas, entre las que destacamos: las peregrinaciones por Vicarías Territoriales a la Catedral, para confesar la fe de la Iglesia en torno al Obispo, Sucesor de los Apóstoles; las jornadas de formación del clero sobre el Concilio Vaticano II y sobre el Catecismo de la Iglesia Católica; la celebración de la Asamblea Diocesana de Laicos, que ha reflexionado sobre la identidad, comunión y misión del laico, con la aprobación de 60 propuestas, que orientarán el trabajo pastoral de los próximos años; la publicación del libro sobre Santos, beatos y mártires de la Diócesis de Santander, auténticos testigos de la fe, como señal de memoria agradecida, estímulo en el camino de la fe y motivo de esperanza para participar en su destino. Esta acción ha coincidido con la Beatificación de 522 mártires del siglo XX en España, celebrada en Tarragona, como colofón del Año de la fe en la Iglesia que peregrina en España.

Mirada hacia el futuro

Al concluir este hermoso Año de la fe, en el que damos gracias a Dios y, a la vez, pedimos perdón humilde por nuestras negligencias, omisiones y pecados, volvemos la mirada y el corazón hacia el futuro, para pedir la ayuda a Dios, que está en el origen, en el centro y en la meta de nuestros proyectos y acciones. El Año de la fe acaba, pero la fe debe seguir viva y debe iluminar toda nuestra vida personal y comunitaria.
El Papa Benedicto XVI, al convocar el Año de la fe, señalaba como objetivo: “Redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo[…] ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar, hacia la amistad con el Hijo de Dios” (Porta fidei 2).
Y el Papa Francisco en su primera encíclica Lumen fidei nos dice: “Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre” (Lumen fidei, 4).

Conclusión.

Termino con las palabras, que yo mismo he escrito como conclusión de nuestra Programación Pastoral Diocesana de este curso 2013-2014: “Muchos son los retos y desafíos que tenemos delante de nosotros en esta hora de nuestra Iglesia Diocesana y del mundo. Pero lo mismo que a los Apóstoles, hoy también Jesús nos dice a nosotros: “¡Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca!” (Lc 5, 4). Nos invita a no quedarnos tranquilamente en la orilla de la comodidad o de la seguridad, a adentrarnos en el misterio profundo de su amor, a explorar caminos nuevos de pastoral, a abrirnos a nuevas metas del anuncio de la Palabra, de la celebración de la fe, del compromiso de la caridad, en un clima de conversión a la comunión eclesial. El Señor nos anima a confiar plenamente en su compañía y en la presencia del Espíritu Santo. Aunque nosotros, como Pedro, sentimos las dificultades de la tarea, también como él, queremos afirmar nuestra esperanza en Jesucristo: en su nombre y confiando en su palabra echaremos las redes (cfr. Lc 5, 5), conscientes de que nuestro trabajo y el fruto están en sus manos.

Que la Virgen María, “Estrella del mar” y “Estrella de la evangelización”, tan querida y venerada en nuestra tierra, guíe la barca de nuestra Iglesia y nos dé la apertura de corazón a los horizontes inmensos de Dios.

Amén.

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