Etapa 38: ¡Misión cumplida, llegamos a Cabo Norte!

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Hola amig@s:

Cuando leáis esta crónica ya hace varias horas que conquistamos el Cabo Norte. Exactamente fue el día 4, domingo, a las 17:30 aproximadamente, por lo que nuestro viaje de Torrelavega al Cabo Norte ha durado exactamente 38 días, 8 horas y 30 minutos.
Ayer por la tarde he visto cómo ahumaban unos lomos de salmón en vivo y en directo. Lo han hecho en el destartalado camping de Russenes aprovechando las hordas de turistas que paran en su restaurante cuando se apean de los autobuses. Los lomos los untan con mantequilla y los colocan perpendicular a la hoguera que encienden procurando que no salga demasiado fuego. No hice fotos porque estaba en ese momento haciendo una videoconferencia con mi chiquilla, la cual pudo verlo gracias a los avances de la técnica.
Os enviamos las fotos de la maquinita que nos obliga a pagar 10 coronas para ducharnos. Desde Alemania no las hemos visto hasta llegar a Noruega
Hoy nos hemos levantado muy motivados porque el final ya era realmente el final, así que a las 6 y veinte de la mañana abríamos las carreteras de este carísimo país. Aquí no he visto que reciclen como os contamos lo hacían en otros países, quizá en las grandes ciudades, pero no por donde hemos pasado. Tomás me rectifica, él ha visto la maquinita en un super
El día no puede ser mejor climatológicamente hablando, salimos con manguitos y los quitamos a la primera de cambio ¿Cómo puede ser posible que a 100 km. del Cabo Norte haya 20 grados de temperatura con un sol que impresiona y un mar totalmente encalmado? Que siga así. No lo muevas.
La cadena montañosa que nos acompaña por el lado izquierdo es de pizarra, se ven las láminas de pizarra perfectas, mientras que al lado derecho hay muchos recovecos, playitas de piedra negra, pequeñas cabañas dedicadas al alquiler, renos por doquier que se asustan al ver que nos acercamos, pequeños ríos que desembocan en el mar y que es de suponer que en pleno deshielo sean más impresionantes, tráfico tranquilo y muy respetuoso, muchos levantan las manos y nos saludan sabiendo donde vamos y sabiendo nosotros también dónde van ellos o de dónde regresan.
Y así iba transcurriendo el día hasta que tuvimos que entrar en la isla donde esta nuestro final. Un túnel de 7 km. donde a la entrada avisan que utilicen el freno de motor y que hay una pendiente del 9%. Ya no nos gusta el asunto. Entramos un poco y salímos despavoridos a colocarnos más ropa porque dentro hacía mucho frío. En ese momento vimos los carteles que anuncian que hay niebla dentro. El túnel está iluminado pero hay que llevar luces, en la bicicleta me refiero porque las otras hace tiempo que dejaron de alumbrar.
Con todas estas premisas entramos y nos encontramos en una montaña rusa, bajando en la oscuridad a mil por hora el 9% con las bicicletas tan cargadas. Los coches cuando aún están lejos suenan como los fórmulas 1 e impresionan. Pero llegó el momento de salir, nos quedaban 3 km y medio y el 9% seguía allí pero para arriba. No os podéis imaginar lo largo que se nos hicieron esos kilómetros. Finalmente salimos ya en la isla de Mageroya. Nuevos túneles aparecieron y finalmente llegamos a Honninsgsvag lugar desde el que mañana saldremos en autobús.
Hoy domingo la oficina de turismo estaba cerrada y me informó de los autobuses la dependienta de una tienda de souvenir, junto a un museo. No hay oficinas para comprar billetes, simplemente te colocas en la parada y montas. No nos quedamos tranquilos, porque no pudimos asegurarnos que no habría problemas para llevar las bicicletas a Alta, donde está el aeropuerto.
Desde este pueblo al Cabo Norte sólo quedan 30 km. y para allí nos fuimos parando primero en un súper que estaba abierto. Hice unas compras y tuve que coger una cerveza de la nevera que la tenían cerrada con una cuerda, metiendo el brazo con dificultad.
Al salir por la caja, la cajera cogió la lata de cerveza y me la quitó y me dijo que no podía vendérmela. Si quería cerveza la tenía que beber o comprar en un bar. Igual que nos pasó en Tornio, en Finlandia donde no nos dejaron llevarnos una cerveza a la cabaña, solo nos la vendían si la tomábamos en el hall de recepción. Le dije que había comprado más cervezas en Noruega en los supermercados sin problemas y me dijo que no era posible. Fue una mentira que dije para ver si se animaba a dármela, pero no hubo manera. Así que a comer la mierda del bocadillo de cada día con cocacola. Por cierto, no busquéis vino en los supermercados de Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega, sólo en comercios especializados lo hay. En los super de estos países hay vino ¡sin alcohol! O con no más de 3 o 4%.
Al salir de Honninsgvag vimos el garaje de los autobuses “Boreal” que así se llama la empresa y hablamos con uno de los chóferes que nos tranquilizó diciéndonos que no había problema por llevar bicicletas e igualmente nos dio el horario de autobuses. Hay dos en el día, a las 6:40 y a las 14:40.
Comimos allí mismo y nos fuimos hacia el final de nuestra aventura. Lo que vimos fue monstruoso, las carreteras en esta isla suben y suben, no queremos aumentar ni desvirtuar la realidad, pero en los 20 km. que quedan para el final, probablemente 15 km. sean para arriba y probablemente también 12 km. sean del 7 al 10 %. Pensábamos que sobre las 4 de la tarde estaríamos allí pero no fue posible. A 13 km. paramos a reservar una cabaña de 350 coronas. (hemos cambiado las coronas a 7,10 por 1 euro), así subíamos, estábamos por el Cabo Norte esgarabiteando y bajábamos con la seguridad de tener albergue.
Y allí llegamos después de sudar la gota gorda, no solo por los desniveles sino por el aire que azotaba con muchísima fuerza. Era el final, no importaba nada, llegábamos a nuestra meta, estábamos cansados, chorreando sudor, con mucha flojera ya después de tantos kilómetros, pero si hubieran llevado el puerto del Escudo, le hubiéramos subido también.
Y vimos lo que tantas veces aparecía en nuestros ordenadores en casa. ¡La bola del mundo estaba allí! Y la podíamos tocar.
Nos cambiamos de ropa para las fotos, queríamos salir “bien pulíos y bien treznaos”, fuimos al baño, llamamos a nuestras chiquillas, a los medios de comunicación, vimos a más cicloturistas y de repente la niebla se plantó en el exterior del edificio y la gente despavorida llegó corriendo desde la bola del mundo que ya no se veía. Todo ocurrió en segundos. Salir del edificio era arriesgarse, incluso, a que te tirase el viento. ¿Qué hacemos? Pues yo así no salgo, cómo vamos a haber venido hasta aquí y no hacernos una foto. Y dónde si no se ve lo más característico del lugar. Dudas y más dudas.
Ni corto ni perezoso me acerqué al monumento y de cerca aún se podía ver. Vi que había dos personas jugando con el aire y haciéndose fotos y le dije a Tomás que saliera con la bicicleta. Por fin lo hicimos y una de aquellas personas nos hizo como ocho fotografías y nos volvimos agarrados de las bicicletas y siguiendo el camino porque no veíamos el edificio a escasos 50 metros. Cuando al fin pudimos ver las fotos que nos hicieron ¡Qué fracaso!, sólo una de ellas podría valer.
No lo dimos más vueltas, ya eran casi las 7 de la tarde y había que volver a 13 km. atrás y el aire nos lo impedía. Mientras lo pensábamos compramos unas postales y las enviamos a nuestras familias con el sello del cabo Norte y el matasellos también. A ver si llegan.
Agarrados del manillar de las bicicletas salimos del edificio como si fue fuéramos marionetas en el gigante brazo del dios Eolo. Tomás se subió en la suya y ¡Plas! Al suelo. Cayó entre unas piedras y se lastimó el hueso del culo, porque como ya no hay carne, el golpe va directamente al hueso del que se duele.
Y así, unas veces caminando y otras en bicicleta retando al aire fuimos llegando a nuestra cabaña con calefacción incorporada que pusimos inmediatamente.
Y esto es muy resumido como transcurrió el día de hoy, final de un sueño que por llegar donde queríamos, se cumplió. Estamos que no cabemos en nuestros cuerpos (alguno dolorido, y no miro a nadie).
Nos damos un día de reflexión porque aún estamos en estado de shock. Mañana haremos una crónica más pausada. Hoy no hay wifi pero esperamos poder enviároslo desde la oficina de turismo de Honinngsvag. Por de pronto hacemos esta crónica a las 6:20 de la mañana del soleado Lunes día 5. Nos preparamos para ir a 17 km. en bici al lugar donde cogeremos el bus a las 14:40. Por la tarde llegaremos a Alta y nos tranquilizaremos un poco pensando ya en volver a ver a nuestros seres queridos y para saludar a todos nuestros amig@s. Tenemos muchas ganas, sobre todo de comer como Dios manda.
Como veis hoy hemos dormido en un chalet adosado. El nuestro era el “G”. Bonita letra y muy sugerente ¿Verdad?.
Hoy hemos hecho 147 km. en 10 horas y 2 minutos.
Rectificamos, enviamos la crónica desde la biblioteca pública de Honningsvag
Abrazos para todos

Jose y Tomás

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