Tiempo de Vacaciones

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Durante el verano muchos disfrutan de las necesarias y reconfortantes vacaciones, que encierran muchos valores.

Una de las finalidades de las vacaciones es descansar, para recuperar las fuerzas físicas desgastadas durante el año y contribuir al equilibrio mental y psicológico. Para ello, es conveniente interrumpir las ocupaciones habituales e incluso salir del ambiente en el que se desarrolla la vida cotidiana.

Por ser tiempo de descanso, en vacaciones se deberían cuidar más los momentos de interioridad, de reflexión personal, de oración, de silencio, de escucha. Las múltiples ocupaciones y afanes de la vida ordinaria y del trabajo, con frecuencia, no nos dejan espacio para algo tan fundamental como el silencio interior.

La gente de hoy apenas tiene tiempo para pensar y meditar con calma y sin prisas. Vivimos en una sociedad agitada y sin sosiego, que nos hace perder la capacidad de prestar atención a las necesidades del prójimo, e incluso la capacidad de encontrarnos a solas con nosotros mismos y con Dios.

Por eso es muy recomendable en este tiempo de verano y vacaciones  -cada vez son más los que lo descubren-  el retiro o ejercicios espirituales, la visita o peregrinación a santuarios y otras actividades veraniegas que ayuden al silencio exterior y a la escucha interior.

También la lectura de algún libro es un elemento muy importante y recomendable en vacaciones. Un buen libro que ofrezca grato descanso y pensamientos reconfortadotes es, sin duda, un amigo que puede dar a las vacaciones un valor enteramente nuevo y hacer gozar de la riqueza del vacar en el trabajo.

Vivir las vacaciones es una oportunidad preciosa para admirar la naturaleza y contemplar la creación, que nos habla de Dios, hasta poder exclamar con el salmista: “Señor, Dios nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Ps 8).

Inseparable de toda esta riqueza, es la oportunidad que se nos ofrece para el cultivo de las relaciones humanas: las relaciones en familia, que, a veces durante el año, resultan escasas, insuficientes y dominadas por las ocupaciones y preocupaciones diarias; relaciones de amistad en la libertad y el gozo del tiempo libre y no interesado; relaciones y amistades nuevas con gentes venidas de otros lugares.

Uno de los valores de las vacaciones es el reencuentro con los seres queridos, el compartir momentos de paz, de diálogo, de charla apacible y de la mesa.

Para todos os deseo de corazón unas felices vacaciones.

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander