Etapa 24; Plátanos en la basura y otras anécdotas

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Hola amig@s:

Ayer estuvimos en un camping saturado, como si fuera una barriada. Ahora bien, tenía unas instalaciones super. No sé si os habíamos dicho que los campings daneses y los suecos tienen cocina y de las buenas, con microondas, horno, y todo tipo de accesorios. Además hay música en los baños y por supuesto rock a discreción.
Hoy a las 4 de la mañana ya estaba despierto, ya hay mucha luz a esa hora y como por la tarde noche (bueno no se puede decir noche si nos atenemos a la luz) la señal de wifi estaba saturada, aproveché para enviar unos correos y la crónica. Total que todo el día he ido arrastrando una sensación de sueño y de cansancio que nos ha hecho rodar más lentos.
Hemos salido del camping a las 7 de la mañana aproximadamente y hemos rodado por carreteras nada recomendables para dos tipos en bicicleta. Definitivamente las carreteras francesas y las suecas son las más peligrosas con mucho, al menos por las que hemos pasado. Y las más seguras y cómodas para rodar por el país en bicicleta son, sin duda, las alemanas. Podríamos decir que Holanda también, pero por donde hemos ido los carriles bici estaban muy mal conservados. Dinamarca también ofrece unas rutas en bici junto a las carreteras con mucha seguridad.
Hoy, en medio de la monotonía de carreteras largas con paisajes verdes y pequeñas colinas, nos ha pasado alguna anécdota que paso a contar.
En un área de servicio una señora llevaba unos plátanos en su mano al tiempo que nosotros degustábamos en un trozo de pan “bimbo” unos trozos de jamón york y unos trozos de queso de reno. En un instante Tomás vió como la señora tiraba los plátanos a la basura. ¡Cagüenros, que los ha tirado! Voy a cogerlos. Levantó la tapa del basurero pero había demasiada mierda como para coger nada.
Más tarde paramos en una antigua gasolinera donde, sin las expendedoras de combustible, los coches aparcaban como si fueran a repostar, pero todos iban (íbamos) a comprar algo para comer. Pedimos una salchicha en un lecho de puré de patata con todas las salsas que pudimos echar, no sabemos si porque teníamos mucha hambre o porque, al ser gratis y tener poco dinero, era una tentación.
Yo me quedé adormilado, tenía los ojos inyectados de sangre, como los de Drácula y le pedí a Tomás que me dejara descansar un poco. Tres minutos y Tomás golpeó la mesa en la que estaba apoyado para pedirme que le fuera a comprar un helado.
Me sentó como un tiro. Le dije que fuera él a comprarlo pero no se atrevió porque decía que no le iban a entender. Ostias, Tomás pareces un niño de cinco años, entra y elige el que más te guste. Pero Tomás adoptó la postura del perrito que mueve los ojos con pena esperando que el dueño haga una mueca de aprobación, así que allí que fuimos a buscar el heladito del niño.
No acabó todo allí. Luego quiso llenar los bidones de agua, pero el baño estaba cerrado con llave y había que pedírsela al dueño del chiringuito. Le dije, vete y dí “mei yu gif mi de ki”, “plis” y te apuntas con el dedo a la piturrilla, el tipo seguro que acierta lo que estás pidiéndole.
Nada, otra vez la actitud del perrito, así que de nuevo volví a entrar para conseguirle la llave.
Hemos llegado al camping de Norberg y hemos pedaleado 124 km. en 8 horas y 15 minutos.
El camping es muy digno.
Se nos olvidó deciros que hemos cambiado coronas suecas a un cambio de 8,43 coronas por 1 euro. Los gastos que estamos teniendo en Dinamarca y Suecia vienen a ser el doble que en el resto de los países por donde hemos pasado consumiendo prácticamente lo mismo.
Ayer pagamos 350 coronas en el supercamping y hoy 95 en el de Norberg. C’est la vie.
Son las 10 y media de la noche pero sin noche.
Los cielos de este país se me parecen a los de la serie Los Simpson, azules con nubecillas blancas. Estamos en un momento de gran calor. Ayer alcanzamos los 30 grados y hoy 25. Increíble. Lo último. No paran de preguntarnos de dónde venimos y alucinan, se fotografían con nosotros, se lo cuentan unos a otros, nos invitan a sus caravanas a tomar café. Somos unos Cracks y ejercemos de ello, siempre que saquemos algún provecho.
Nos vamos a la cama.
Adiós
Tomás y Jose

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