6ª Etapa: Pedaleando bajo la lluvia

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Hola amig@s

Lo dejamos ayer en aquel prado con mobilhomes que alquilaban a los viajeros. Ya os dijimos la ridiculez del coste, 15 € y 1,20 € por media docena de huevos de gallinas felices, como dice mi hija Lorena refiriéndose a aquellas gallinas que tienen la fortuna de vivir en libertad. Los comimos y nos supieron a gloria.

A las 7:45 de la mañana ya estábamos listos. Llovía y nos alegramos de no haber dormido en tienda de campaña. Hoy tocaba vestirnos con ropa anti lluvia. Nos despedimos de Chema que tomó la ruta hacia Perigeux – Burdeos y por las Landas a Cantabria. Tomas y yo pusimos rumbo hacia Limoges. A primera hora de la mañana no se veía nada entre la nube y la lluvia que nos envolvía y tuvimos que encender las luces de la bicicleta, ya que las otras no funcionan demasiado bien.

La orografía de la zona nos ofrece carreteras de sube y baja. Tomás y yo estamos convencidos que la etapa de hoy ha resultado más dura que la de Torrelavega-Bilbao y tiene ganas de “saludar” a los que le aseguraron que pasado Bayona todo iba a ser llano. Imaginémonos veinte camellos uno tras otro, con la cabeza erguida e imaginémonos que hemos de recorrerlos desde el culo del último a la cabeza del primero siempre por su dorso. ¡Qué! ¡A que jodería!, pues así han sido nuestros 130 km. de hoy hechos en 8 horas y 38 minutos, acompañados del pantalón de agua, el poncho, los cubrezapatillas…

Llegando a Limoges estábamos tocados mentalmente e hicimos un pacto: somos un equipo y cuando uno esté bajo de moral al otro no le quedará más remedio que levantarla. Ya sé que eso se dice pronto, pero estamos convencidos que tras el abrazo que nos pegamos ha habido un antes y un después. Tomas envía el siguiente mensaje: El viernes, día del final de curso de la escuela de baile de San Ramón me gustaría estar presente para bailar una sevillana o una salsa con mi media naranja y con todas mis amigas, aunque no podrá ser porque le estoy dando a los pedales. Me acuerdo de todos y de todas en cada pedalada que es lo que me da fuerzas. Un beso para toda la escuela.

Por cierto, no habíamos caído en la cuenta que llevamos seis días con los mismos calzoncillos y hemos quedado en darlos vuelta para que duren otros seis días sin lavarlos, claro que a los seis días tocara poner lo de dentro afuera. Es la única manera de no llevar tanta ropa, je, je. Hemos llegado al camping de Bessines. No había nadie en recepción y en la entrada se anunciaba que estaba abierto. Hemos entrado, mirado alrededor y tras comprobar que no había nadie nos hemos duchado y hemos colonizado el porche de un bungalow, ya que estaba cerrado con llave, hemos preparado la cena, colgada toda la ropa para secarse y metido en el saco, hoy toca vivaquear. Veremos si viene mañana alguien a cobrarnos

Es tarde y me voy a meter en el saco, Tomás lleva ya tiempo desmayado.

Besines desde Bessines