VIDA CONTEMPLATIVA EN EL AÑO DE LA FE

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El domingo 26 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos la Jornada pro orantibus. Es un día para que el pueblo cristiano tome conciencia, valore y agradezca la presencia de la vida contemplativa. Desde la clausura de los monasterios y conventos, las personas consagradas contemplativas, como afirma el Concilio Vaticano II: “dedican todo su tiempo únicamente a Dios en la soledad y el silencio, en oración constante y en la penitencia practicada con alegría” (Perfectae caritatis, 7).

El lema de la Jornada de este año es: Centinelas de la oración. La palabra centinela evoca vigilancia. La personas contemplativas vigilan como centinelas día y noche igual que las vírgenes prudentes la llegada del esposo (cfr. Mt 25, 1-13) con el aceite de su fe, que enciende la llama de la caridad. Los monjes y monjas son en la Iglesia centinelas de la oración contemplativa para el encuentro con el Esposo Jesucristo, que es lo esencial.

Nuestros monasterios son un oasis de silencio orante y elocuente. Son escuela de oración profunda bajo la acción del Espíritu Santo. Son espacios dedicados a la escucha atenta del Espíritu Santo, fuente perenne de vida, que colma el corazón con la íntima certeza de haber sido fundados para amar, alabar y servir.
Las personas contemplativas como centinelas apuntan siempre a lo fundamental y esencial. Para el hombre moderno, encarcelado en el torbellino de las sensaciones pasajeras, multiplicadas por los mass-media, la presencia de las personas contemplativas silenciosas y vigilantes, entregadas al mundo de las realidades “no visibles” (cfr. 2 Cor 4, 18), representan una llamada providencial a vivir la vocación de caminar por los horizontes ilimitados de lo divino.

En esta Jornada pro orantibus, es justo y necesario que recemos por las personas contemplativas, que volvamos la mirada y el corazón a sus monasterios y pidamos por sus intenciones. Sin duda, sus intenciones van encaminadas a la permanencia en la fidelidad siempre renovada de todos sus miembros en la vocación recibida y al aumento de vocaciones en esta forma de consagración. En nuestra Diócesis de Santander tenemos 1 monasterio cisterciense de hombres con 20 miembros; y 11 monasterios femeninos con 128 miembros. Son un regalo de Dios para nuestra Iglesia Diocesana, que acogemos con gozo y gratitud.

Como un signo de gratitud, ayudemos también económicamente a los monasterios en sus necesidades materiales. Sabemos que las monjas y monjes son personas que por su habitual silencio y discreción no suelen pedir; pero son bien acreedoras a nuestras limosnas y generosidad, y nos pagarán con creces, alcanzándonos del Señor gracias y bendiciones de mucho más valor.

¡Feliz Jornada de la Vida Contemplativa en el Año de la fe!

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

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