Homilia Virgen del Mar 2013

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Salve, Virgen del Mar. Con fe te honramos, con amor te veneramos, con esperanza acudimos a ti.

Con esta exclamación saludamos esta mañana, lunes de Pentecostés, a nuestra Madre y Reina, la Virgen del Mar, Patrona de Santander en el día grande su fiesta.

Aquí estamos a tus plantas, Virgen del Mar, los sacerdotes, diáconos, seminaristas; las autoridades de nuestra Autonomía; el Cabildo Catedralicio y el Ayuntamiento de la Ciudad de Santander para la renovación del secular Voto por los favores recibidos.

Aquí está el pueblo de San Román de la Llanilla y de la ciudad de Santander, con sus pueblos Cueto, Monte y Peñacastillo.

Aquí está la Hermandad de la Virgen del Mar, que fomenta la formación de sus miembros, el verdadero culto mariano y la dimensión social de la fe.

Estamos participando en la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana y de la misión de la Iglesia, en la que participa la Banda Municipal y la Coral de las Hospitalidad de Lourdes, delante de la Ermita-santuario, situada en esta bella isleta en la costa Norte de Santander y ante la Imagen gótica de nuestra Señora del Mar, con el Niño Jesús sentado sobre sus rodillas mirando al frente.

La Virgen del Mar es faro de la luz de Cristo que nos guía a nosotros “navegantes” en los “mares” de este mundo y guía, que orienta a los peregrinos. A su presencia acudían tripulaciones de barcos, tras las angustias sufridas en la mar. Y durante las terribles pestes que asolaron Santander a partir del siglo XVI está documentada la bajada de la Imagen a la Villa para solicitar su maternal protección contra la enfermedad.

La Virgen del Mar, como hemos escuchado en la primera lectura del libro del Eclesiástico, echó raíces entre nosotros, un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad. Ella es la madre del amor puro, del conocimiento y de la santa esperanza. Ella nos dice: venid a mí, los que me amáis y saciaos de mis frutos.

La Virgen del Mar, madre de la santa esperanza.

El Evangelio de San Juan que acabamos de proclamar narra el “signo” de la conversión del agua en vino en las bodas de Caná de Galilea. Aquí aparece la intercesión poderosa de la Virgen, la Madre de Jesús.

También hoy, ante la falta del vino de la alegría por la grave situación, que estamos viviendo le pedimos a la Virgen del Mar que interceda por nosotros ante su Hijo Jesús, para que ella sea señal de esperanza y de consuelo en esta hora de apuros de tantas familias.

Lamentablemente persiste la crisis económica y social, que golpea a muchas familias con sus secuelas del paro, especialmente del desempleo de los jóvenes, la pérdida de la vivienda o la falta de la atención debida a los ancianos y emigrantes. Persiste la desprotección legal del derecho a la vida de los niños que van a nacer.

En estos momentos, las tensiones sociales en la calle aumentan. Es verdad que la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos tienen un admirable espíritu cívico que se muestra en la disposición a asumir sacrificios necesarios y a colaborar en la solución de los problemas que sufren las administraciones públicas, las empresas y las familias.

Sin embargo, es necesario vigilar para que el delicado equilibrio de la paz social y de las instituciones fundamentales del Estado no sufran graves alteraciones, que tendrían consecuencias negativas para todos. Nadie debería aprovechar las dificultades reales por las que atraviesan las personas y los grupos sociales para perseguir ningún fin particular, por legítimo que sea, que perdiera de vista el bien común de todos los ciudadanos.

La Virgen del Mar cerca de Dios y cerca de los hombres

La Iglesia nos invita a acudir en esta hora a la Virgen María, que está cerca de Dios y cerca de los hombres. Desde el cielo no se desentiende de sus hijos de la tierra. La Iglesia ve a María presente como Madre e Intercesora en los complejos problemas de los individuos, las familias y los pueblos. La ve socorriendo al pueblo cristiano en todas las necesidades materiales y espirituales.

La Virgen del Mar nos ayuda en estos momentos a no dejarnos dominar por el miedo, la resignación y la desesperanza y a comprometernos en la construcción de un mundo nuevo más justo, más fraterno, más solidario.

Es verdad que ante la crisis económica, la Iglesia no puede ofrecer soluciones en clave política y económica, pero sí puede ofrecer la luz de la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia y puede llamar a todos a la responsabilidad, a la solidaridad y a la esperanza. Vivimos unos tiempos en los que tenemos que hacer especiales esfuerzos y sacrificios, buscando entre todos el bien de todos, especialmente de las personas más vulnerables.

La Madre de Dios nos mueve a transformar con la fuerza del Evangelio de su Hijo Jesús los criterios de juicio, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación (cfr. EN , 19).

Conclusión.

¡Virgen del Mar!, ¡Señora y Madre nuestra! Haznos fuertes en la fe para ser testigos valientes y alegres de tu Hijo en la Iglesia y en el mundo. Alienta nuestra esperanza en los avatares de la vida y en esta hora de dificultades. Mantén vivo el fuego del amor en nuestros corazones para con Dios y para el prójimo pobre y necesitado. Y, en todo momento, mientras cruzamos el mar de la vida, ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

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