ANTE EL DÍA DEL SEMINARIO

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Queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, miembros de vida consagrada y fieles laicos:

Todos los años en torno a la fiesta de San José, el esposo fiel de la Virgen María y custodio del Redentor, celebramos el Día del Seminario. En nuestra Diócesis de Santander lo celebraremos el domingo, 17 de marzo. En esa fecha tres seminaristas, Alejandro, Ricardo y Adrián, recibirán de mis manos de Obispo el sagrado orden del Diaconado, paso previo a la ordenación de sacerdotes. ¡Damos gracias a Dios por este gran regalo a nuestra Diócesis y felicitamos a los ordenandos, a sus familias y al Seminario de Monte Corbán!

El lema del Día del Seminario de este año es: Sé de quién me he fiado (2 Tim 1, 12). En el contexto de esta frase, San Pablo invita a su discípulo Timoteo a revivir el don de la ordenación y a dar testimonio valiente del Evangelio. Es la gran certeza de que el sacerdote se fía totalmente del Señor, que le llama, consagra y envía. El sacerdote cree en el amor que Dios le tiene (cfr. 1 Jn 4, 16); se apoya en el cayado del Buen Pastor (cfr. Ps 22).

Necesidad. Las vocaciones sacerdotales son necesarias en la Iglesia, porque “sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, esto es, la obediencia al mandato de Jesús: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19) y “Haced esto en conmemoración mía” (Lc 22, 19; cff. 1 Cor 11, 24), o sea, el mandato de anunciar el Evangelio y de renovar cada día el sacrificio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada por la vida del mundo”#.

“El problema del número suficiente de sacerdotes afecta de cerca a todos los fieles, no sólo porque de él depende el futuro religioso de la sociedad cristiana, sino también, porque este problema es el índice justo e inexorable de la vitalidad de la fe y amor de cada comunidad parroquial y diocesana, y es testimonio de la salud moral de las familias cristianas. Donde son numerosas las vocaciones al estado eclesiástico y religioso, se vive generosamente de acuerdo con el Evangelio”.

Urgencia. El tema reviste, además, una urgencia especial, porque estamos atravesando una crisis persistente de vocaciones al sacerdocio en el Seminario, una especie de travesía del desierto, que constituye una verdadera prueba en la fe tanto de los pastores como de los fieles. Hemos de ser realistas y tener el valor de reconocer que la sequía vocacional, además de ser fruto de múltiples causas reales de tipo demográfico, económico, social, cultural, religioso, institucional, etc., responde también a deficiencias de nuestra vida personal, a la debilidad en la fe de nuestras comunidades parroquiales y religiosas, a omisiones y falta de interés en nuestra acción pastoral.

Ante esta situación que nos preocupa, aunque no nos angustia, porque la falta de vocaciones es ciertamente la tristeza de cada Iglesia, la pastoral vocacional exige ser acogida, sobre todo hoy, con nuevo vigor y decidido empeño por todos, especialmente por los sacerdotes.

Cultura vocacional. Para hacer frente al problema de las vocaciones hace falta acrecentar nuestra esperanza en la fidelidad de Dios, que nos dará pastores según su corazón (cfr. Jer 3, 15) y confiar en la gracia Dios, suplicando al dueño de la mies que envíe obreros a su mies (cfr. Lc 10, 2). Pero, por nuestra parte se requiere crear una cultura vocacional, es decir, cultivar el campo favorable para que la semilla de la vocación arraigue, crezca y florezca. Este campo viene caracterizado por la gratitud, la apertura a lo trascendente, la disponibilidad para el servicio, el afecto, la comprensión, el perdón, la responsabilidad, la capacidad de tener ideales, el asombro y la generosidad en la entrega.

La cultura vocacional nos urge a todos, obispo, sacerdotes, religiosos y fieles laicos a un compromiso coral. Nadie puede inhibirse.

Compromiso alegre. La cultura vocacional requiere el ejemplo y el testimonio alegre de los sacerdotes, que sepan y quieran guiar a los niños, adolescentes y jóvenes como compañeros de viaje. Sacerdotes que propongan a los futuros pastores con alegría y valentía la belleza de la vocación sacerdotal. Sacerdotes que muestren la fecundidad de una vida entusiasmarte, que da plenitud a la propia existencia, por estar fundada en Dios que nos amó primero (Cf. 1 Jn 4, 19).

San Juan de Ávila, patrono del clero secular español y nuevo doctor de la Iglesia universal, escribía a los sacerdotes: “Lo que se os puede decir, hermanos, es que si sois clérigos, habéis de vivir, hablar y tratar y conversar, de tal manera que provoquéis a otros a servir a Dios”#. Así el testimonio alegre será fuente de nuevas vocaciones al sacerdocio y la pastoral vocacional se convertirá en preocupación por dejar sucesores.

VALOR DEL SEMINARIO MENOR

Vocación de niños y adolescentes. “Como demuestra una larga experiencia, la vocación sacerdotal tiene, con frecuencia, un primer momento de manifestación en los años de la preadolescencia o en los primerísimo años de la juventud… La Iglesia, con la institución de los Seminarios Menores, toma bajo su especial cuidado, discerniendo y acompañando, estos brotes de vocación sembrados en los corazones de los muchachos”#.

Cuando hablamos de “brotes”, “gérmenes”, “semillas”, aplicados a la vocación, no nos referimos a una realidad ya plena, sino que es una realidad en proceso, que exige crecimiento y necesita cuidado, acompañamiento y formación, pues vivida a la intemperie, difícilmente podrá desarrollarse.

El Seminario Menor: respuesta a esta necesidad. Así, pues, la vocación sacerdotal es una nueva gracia de Dios, que exige ayudar a los niños, adolescente y joven a preparar la respuesta adecuada a esa llamada vocacional.

Para ello, nuestra Diócesis propone como lugar idóneo para acompañar esa semilla el Seminario Menor de Monte Corbán, que es “una comunidad educativa diocesana erigida por el Obispo según las normas de la Santa Sede para cultivar los gérmenes de vocación sacerdotal de quienes, en edad temprana, presentan indicios de esta vocación y se inclinan por el sacerdocio diocesano secular”#.

Otras formas de acompañamiento vocacional. El Seminario Menor es una institución privilegiada que nace junto a otras formas de acompañamiento vocacional, como el Seminario en familia, el Proyecto Samuel, Gentece, convivencias de Monaguillos y otras iniciativas que ya están funcionando en nuestra Diócesis, promovidas por el Seminario y por el Secretariado de Pastoral Vocacional dentro de la Pastoral Juvenil y de la Pastoral Universitaria. A todos los que trabajan en este importante campo les expreso mi gratitud sincera.

En el curso actual 2012-2013 tenemos tres seminaristas en el Seminario Menor, una realidad pequeña, que reclama crecimiento como el grano de mostaza del Evangelio. Además, varios muchachos se están formando en el Seminario Menor en familia.

Como escribía el año pasado en una breve carta pastoral, “el Seminario Menor solamente será posible con la ayuda de Dios y la colaboración de todos, especialmente de los sacerdotes. Por eso desde esta carta pastoral hago una llamada apremiante a la responsabilidad de los sacerdotes. Ellos han de ser los primeros interesados por esta Institución. Su amor a Jesucristo, a la Iglesia y a su sacerdocio les impulsará sin duda a descubrir y cultivar los gérmenes de vocación que apuntan en sus monaguillos, en los niños de la catequesis y en los jóvenes de las parroquias, poniéndoles después en contacto con el Seminario o con el Secretariado de Pastoral Vocacional.

Apelo también a la generosidad de los padres y madres de familia, que deben considerar como una gracia que Dios se fije en alguno de sus hijos para ser sacerdote. Mi llamada se dirige también a los catequistas, profesores de religión y educadores de juventud, que pueden ser buenos mediadores entre el Señor que llama y los niños, adolescentes y jóvenes, presentándoles la belleza de la vocación sacerdotal”#.

IMPORTANCIA DEL SEMINARIO MAYOR

La formación de pastores. “Toda la educación de los seminaristas debe tender a la formación de verdaderos pastores de almas a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor” #.
El carácter singular del ministerio sacerdotal y la importancia del mismo para la vida de la Iglesia exigen en los seminaristas una formación específica que los capacite para vivir con todas sus exigencias ese ministerio de gracia y para ejercer con responsabilidad este ministerio de salvación.

Naturaleza del Seminario Mayor. El Seminario Mayor es “sobre todo, una comunidad educativa en camino: la comunidad promovida por el Obispo para ofrecer a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce”. Su identidad más profunda radica, por tanto, en “ser a su manera una continuación en la Iglesia de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús”#.

El Papa Benedicto XVI, en la Santa Misa con los seminaristas en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, señalaba cómo debía ser la formación en el Seminario Mayor. En señal de gratitud a la venerada persona de Benedicto XVI, transcribo algunas de sus palabras: “Queridos amigos, os preparáis para ser apóstoles con Cristo y como Cristo, para ser compañeros de viaje y servidores de los hombres.

¿Cómo vivir estos años de preparación? Ante todo, deben ser años de silencio interior, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia. Iglesia que es comunidad e institución, familia y misión, creación de Cristo por su Santo Espíritu y a la vez resultado de quienes la conformamos con nuestra santidad y con nuestros pecados… Meditad bien este misterio de la Iglesia, viviendo los años de vuestra formación con profunda alegría, en actitud de docilidad, de lucidez y de radical fidelidad evangélica, así como en amorosa relación con el tiempo y las personas en medio de las que vivís.

Nadie elige el contexto ni a los destinatarios de su misión. Cada época tiene sus problemas, pero Dios da en cada tiempo la gracia oportuna para asumirlos y superarlos con amor y realismo”#.

Volviendo a nuestro Seminario Mayor de Monte Corbán, conviene saber que en este curso pastoral 2012-2013 se están preparando para el sacerdocio cuatro seminaristas. Además hay otros tres, que siguen su preparación vinculados al Seminario en otros Centros de la Iglesia. De estos seminaristas mayores, como decía al principio de esta carta pastoral, tres serán ordenados este año de Diáconos y más tarde recibirán la ordenación sacerdotal. Hacen falta otros jóvenes, que tomen la antorcha del relevo vocacional.

Conclusión. Termino esta carta pastoral del Día del Seminario con un a actitud de acción de gracias a Dios por el don de nuestros seminaristas, que acogemos con gozo.

Felicito a nuestros seminaristas y quiero que sientan el apoyo y la cercanía del Obispo, de los sacerdotes, de los miembros de vida consagrada y de los fieles laicos de nuestra Diócesis.

Agradezco de corazón el trabajo generoso y paciente del Equipo de superiores, del Claustro de profesores y de todo el personal de servicio de nuestro Seminario de Monte Corbán. Mi gratitud se extiende también al Secretariado de Pastoral Vocacional, a la Delegación de Pastoral Juvenil y al Secretariado de Pastoral Universitaria.

Doy las gracias a tantos fieles que rezan y se preocupan por el Seminario, especialmente a los monjes y monjas de vida contemplativa, que en el silencio de los claustros ofrecen su asidua oración y generosa penitencia a Dios por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Exhorto encarecidamente a que se haga la colecta especial en las parroquias e iglesias para ayudar al sostenimiento ordinario del Seminario y a las obras que se realizan en el edificio. Es una señal de interés y de gratitud hacia el Seminario de Monte Corbán, a quien tanto debe la Diócesis y la sociedad de Cantabria.

Finalmente, encomiendo el cuidado de nuestros seminaristas y la obra de las vocaciones al Patriarca San José, que cuidó en Nazaret de Jesús, que “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 52).

A la Virgen María, Madre de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, le pedimos que nos alcance de su Divino Hijo, muchas y santas vocaciones sacerdotales.

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

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