Jornada Mundial de la Paz

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“Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor. En esta perspectiva, pido a Dios, Padre de la humanidad, que nos conceda la concordia y la paz, para que se puedan cumplir las aspiraciones de una vida próspera y feliz para todos”. Con estas palabras comienza el Santo Padre el Papa Benedicto XVI su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz en el año 2013. Dicha Jornada fue iniciada por el Venerable Papa Pablo VI el año 1968.

El mensaje es amplio y abarca la plenitud y la multiplicidad del concepto de paz, a partir del ser humano: la paz interior y la paz exterior, para luego poner en evidencia la emergencia antropológica, la naturaleza e incidencia del nihilismo y, al mismo tiempo, los derechos fundamentales, en primer lugar la libertad de conciencia, la libertad de expresión y la libertad religiosa. Ofrece, además, unas reflexiones éticas sobre algunas medidas que se están tomando en el mundo para contener la crisis económica y financiera; la emergencia educativa; la crisis de las instituciones y de la política, que es también, en muchos casos, crisis preocupante de la democracia.

El mensaje de este año mira al 50º aniversario del Concilio Vaticano II y a los cincuenta años de la publicación de la encíclica Pacem in terris (11 de abril de 1963) de Juan XXIII, según la cual, el primado corresponde siempre a la dignidad humana y a su libertad, para la edificación de una ciudad al servicio de cada ser humano, sin discriminación alguna, y dirigida hacia el bien común sobre el cual se fundan la justicia y la verdadera paz.

La paz es don de Dios y obra del hombre. Los que trabajan por la paz son quienes aman, defienden y promueven la vida en su integridad. “El deseo de paz se corresponde con un principio moral fundamental, a saber, con el derecho y el deber a un desarrollo integral, social, comunitario, que forma parte del diseño de Dios sobre el hombre. El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios”.

En el mensaje, el Papa no pierde la ocasión para asegurar que la paz es posible y que no se trata de una utopía. Pero no puede olvidarse que “una condición previa para la paz es el desmantelamiento de la dictadura del relativismo moral y del presupuesto de una moral totalmente autónoma, que cierra las puertas al reconocimiento de la imprescindible ley moral natural inscrita por Dios en la conciencia de cada hombre”.

Por eso la Iglesia está convencida de la urgencia de un nuevo anuncio de Jesucristo, el primer y principal factor del desarrollo integral de los pueblos, y también de la paz.
Pongamos los buenos deseos y propósitos de la paz en las manos de la Virgen María Reina de la paz.

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