Eucaristía Apertura del Año de la Fe en la diócesis de Santander

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AÑO DE LA FE. EUCARISTÍA DE APERTURA. Homilía

Catedral de Santander, 12 de octubre de 2012

“La puerta de la fe” (cfr. He 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros”. Con estas palabras de la carta apostólica Porta fidei, el Santo Padre el Papa Benedicto XVI convocaba el Año de la fe, que inauguró oficialmente ayer en Roma y que clausurará (D.m.), el 24 de noviembre, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

Eucaristía emitida por populartvcantabria.com

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Hoy, nosotros, Pueblo de Dios que peregrina en Cantabria y el valle de Mena, en comunión con el Sucesor de Pedro y con toda la Iglesia, abrimos con gran alegría el Año de la fe, aquí en nuestra S. I. Catedral, con esta Eucaristía, signo de unidad y vínculo de caridad, fuente y cumbre de toda la vida cristiana. Queremos caminar cum Petro et sub Petro.

Inauguramos en nuestra Diócesis el Año de la fe, en la festividad de la Virgen del Pilar. El Pilar evoca los primeros pasos de la evangelización de España. Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia, y dio fuerzas al Apóstol Santiago y a sus discípulos en los comienzos de su predicación apostólica en Hispania.

Esta rica herencia de fe mariana ha de convertirse no en un mero recuerdo de un pasado glorioso, sino en un impulso para la nueva evangelización, hoy. Así lo hemos pedido en la oración colecta, para que Dios nos conceda por intercesión de la Virgen del Pilar, “fortaleza en al fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor”.

Año de la fe y Asamblea Diocesana de Laicos

El Año de la fe “es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo” (Porta fidei, 6). Coincide con el 50ª aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y con el 20º aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.

Con la convocatoria del Año de la fe, el Papa está llamando a toda la Iglesia a un tiempo para renovar y fortalecer la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. En los ambientes de vieja cristiandad, también en nuestra tierra de Cantabria, la fe no puede darse por supuesta. “Sucede hoy con frecuencia -dice el Papa- que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y prácticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común.

De hecho este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado” (Porta fidei, 2). Constatamos con preocupación que quienes regularmente acuden a nuestras iglesias son cada vez más mayores y su número disminuye continuamente, y que va creciendo el “alejamiento de la fe y prácticas religiosas”, “la indiferencia ante los valores religiosos y morales”, como aparece en los resultados de la encuesta realizada para preparar nuestra Asamblea Diocesana de Laicos, que nos disponemos a celebrar.

¿Qué hacer ante esta situación? Es necesario hoy “un compromiso eclesial más convencido a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe […] Como afirma San Agustín, los creyentes “se fortalecen creyendo” […] Así la fe sólo crece y se fortalece creyendo; no hay otra posibilidad para poseer al certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un in crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande, porque tiene su origen en Dios” ( Porta fidei, 7).

Esperamos que con el Año de la fe y a partir del Sínodo de los Obispos, que acaba de empezar en Roma, sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, crezcan en la Iglesia el coraje y las energías en favor de la nueva evangelización, que lleve a redescubrir la alegría de creer, y ayude a encontrar nuevamente entusiasmo en la comunicación de la fe.

La fe cristiana no es sólo una doctrina, un conjunto de normas morales, una tradición, una costumbre social. Es un encuentro vivo, personal y real con Jesucristo. Transmitir la fe significa crear en cada lugar y en cada tiempo las condiciones favorables para que se realice este encuentro entre los hombres y Cristo. La finalidad de toda evangelización es la realización de este encuentro, que es al mismo tiempo personal y comunitario, privado y público.

Como ha afirmado el Papa Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por un encuentro con un acontecimiento, con una Persona (Jesucristo), que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” ( Deus caritas est, 1).

El Año de la fe coincide, como sabemos, con la celebración de nuestra Asamblea Diocesana de Laicos. No nos distrae de la finalidad fundamental del Año de la fe, al contrario encaja perfectamente, porque la Asamblea Diocesana de Laicos está concebida en clave de renovación, a la luz del Concilio Vaticano II y de la nueva evangelización.

Si la celebramos bien, será un tiempo de gracia para superar el desafío de la indiferencia religiosa y el cansancio de muchos de nuestros cristianos.

Nuestra Asamblea pretende intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar principalmente a todos los creyentes laicos a que su adhesión a Cristo sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que estamos viviendo.

El lema de la Asamblea Diocesana de Laicos: Cristianos arraigados en al sociedad apunta a lograr entre todos un laicado adulto y comprometido, a conseguir unas personas cristianas maduras en la fe, insertas activamente en la Iglesia y comprometidas en la transformación evangélica de nuestra sociedad cántabra, como un árbol con profundas raíces, según muestra el cartel anunciador.

Desde aquí hago un llamamiento a la participación de todos los diocesanos en los grupos de reflexión y oración en las parroquias y comunidades, según las orientaciones de la Comisión encargada, a cuyos miembros les agradezco de corazón su esfuerzo generoso y su entusiasmo.

Finalmente, “el Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad” (Porta fidei, 14). La fe se manifiesta en la caridad; ahora bien, la caridad sin fe será filantropía. Fe y caridad en el cristiano se reclaman mutuamente, de modo que la una sostiene a la otra.

Hay que destacar entre nosotros el valor testimonial de muchos cristianos, voluntarios de Cáritas y en las parroquias y casas religiosas, que dedican su tiempo y su vida con amor a quienes están solos, marginados, pasan hambre o carecen de lo necesario para vivir con dignidad, porque precisamente en esas personas se refleja el rostro de Cristo (cfr. Mt 25, 40).

Gracias a la fe podemos descubrir en cuantos nos piden amor el rostro del Señor Resucitado. La caridad es el lenguaje de la nueva evangelización; más que con palabras se expresa en las obras de fraternidad, de cercanía y de ayuda a las personas en sus necesidades materiales y espirituales.

Conclusión: a la Virgen del Pilar le confiamos el Año de la fe. La Virgen María brille siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización.

AMEN

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

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