El obispo advierte de la “apostasía silenciosa” en la fiesta de los patronos de Santander.

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El jueves 30, el obispo de Santander Mons. Vicente Jiménez Zamora celebró en la Catedral la solemnidad de los santos y hermanos Emeterio y Celedonio patronos de la ciudad de Santander  y de la diócesis. Se conmemora la memoria litúrgica de estos dos hermanos que fueron martirizados, por su fe, hacia el año 298 en Calahorra (La Rioja).

Como es costumbre, en los actos programados participaron el Cabildo catedralicio y los miembros de la Corporación municipal de Santander.

En la solemnidad intervino la coral Valle de Piélagos-Salcedo y  participó la Asociación del Traje Regional “la Tierruca”.

Para el prelado la vida de estos mártires lejos de ser una historia del pasado, es de gran actualidad. Realmente es así, ya que estos santos nos traen a la memoria la Iglesia perseguida y mártir hoy en día, pues nunca en la historia de la Iglesia ha habido tantos mártires como en el siglo XX y lo que llevamos del XXI.

Durante la homilía el obispo de Santander ha recordado el Año de la Fe que ha convocado Benedicto XVI y que comienza el 11 de octubre. Mons. Vicente ha resaltado que es una año para fortalecer la fe y es un proyecto de Nueva Evangelización.  En palabras del Beato Juan Pablo II la Nueva Evangelización debe de ser nueva en ardor, en los métodos y en la expresión.

Para el prelado este año es muy importante porque en Europa, España y Cantabria no podemos dar supuesta la fe, debemos superar el analfabetismo religioso en el que viven algunos cristianos, pero además de los que se consideran ateos o agnósticos hay un tercer grupo que está cayendo en la “apostasía silenciosa” y que viven en una indiferencia religiosa.

“Estamos en tierra de misión” según nuestro pastor, tenemos que volver a evangelizar. Tenemos que evangelizar con la palabra, pero sobre todo con la vida y el testimonio, porque el gran drama de nuestro tiempo es el divorcio entre la fe y la vida que llevamos. Por todo ello nuestros santos mártires son un espejo y un apoyo para estos tiempos.

Historia de los dos hermanos.

Los hermanos Emeterio y Celedonio, oriundos de Calahorra (La Rioja), sufrieron en esta ciudad el martirio durante la persecución del emperador romano Diocleciano, en torno al año 298.

Ambos hermanos militaban en las legiones romanas, pero las abandonaron y profesaron públicamente la milicia de Cristo como testigos de la fe.

Llevados ante el Tribunal, confesaron su fe por lo que fueron atormentados en la cárcel donde permanecieron por algún tiempo. En las afueras de la ciudad, junto al río Cidacos, afluente del Ebro, sufrieron el martirio para, finalmente, ser decapitados un 3 de marzo. Tras su muerte, estos siervos de Dios, fueron allí sepultados.

Las reliquias de los Santos Mártires se trajeron a Cantabria en la Alta Edad Media, como sucedió con otras tantas. El traslado fue motivado por razones de seguridad con el fin de protegerlas de las incursiones árabes, por lo que estuvieron ocultas bajo la actual “iglesia baja” (Santísimo Cristo) de la Catedral.

En unas excavaciones realizadas en 1531 se hallaron y se encerraron en los actuales relicarios, y desde entonces están expuestas al culto en el templo de la parroquia del Santísimo Cristo, donde reposan.

La devoción a los Santos Mártires no sólo afecta a la ciudad de Santander, que toma su nombre de San Emeterio (“San Emeter-Santander”), sino que se extiende a toda la Diócesis, ya que el Papa Pío VI, a petición del Obispo Menéndez de Luarca, en Breve de1 30 de septiembre de 1791, les declaró patronos de la Diócesis

La solemnidad, cada 30 de agosto.

De esta forma, cada 30 de agosto, como es tradicional desde 1679, se celebra la fiesta de los Santos Mártires Emeterio y Celedonio, Patronos de la Diócesis y de la Ciudad de Santander.

Además, en la jornada de la víspera, es costumbre antigua trasladar por la tarde las reliquias en procesión desde la iglesia del Santísimo Cristo (“Iglesia baja”) hasta la Catedral para ser allí expuestas en el presbiterio para la veneración de los fieles durante la jornada de su fiesta.

El sonido de todas las campanas de la Catedral y los himnos interpretados por la Banda Municipal de Santander acompañan el traslado. La procesión, presidida por el obispo de la Diócesis, está formada por el Cabildo catedralicio, el clero y por la Corporación del Ayuntamiento de la ciudad.

La marcha transcurre por la calle de Somorrostro, la plaza del obispo José Eguino y Trecu y finaliza en la Catedral. Aquí, en la nave del claustro conocida como “Tres por calle” y, donde siglos atrás, se reunía el Concejo de la Villa santanderina, el obispo reza ante las Reliquias de los Santos Mártires una plegaria en nombre de todos los santanderinos.

Excavaciones años ochenta

Durante los años 1982 y 1983, se realizaron excavaciones arqueológicas en el suelo de la iglesia baja del Santísimo Cristo y, en una parte de los cien metros cuadrados en los que se trabajó, pueden contemplarse actualmente las excavaciones efectuadas a través de un pavimento de cristal ubicado en la nave Norte.

Igualmente, aquí aparecieron abundantes restos del primitivo asentamiento romano, entre los que destacan instalaciones termales e importantes fortificaciones.

La cámara del horno romano de la terma hallada, fue el recinto donde se guardaron las cabezas de los mártires Emeterio y Celedonio durante la Edad Media y en torno a la cual que se construyeron las sucesivas iglesias anteriores a la actual, cuyos vestigios pudieron reconocerse durante los trabajos arqueológicos.

Este fenómeno, común con otras iglesias creadas sobre el sepulcro de un santo (San Pedro de Roma, Santiago de Compostela, etc.), evidencian que las reliquias eran el más importante referente de la población a la que dieron origen y nombre, como la fe de sus gentes que, junto a ellas, quisieron esperar la Resurrección.

Desde que en 1533, ante el avance del protestantismo, se realizó la “profanación piadosa” de la tumba, a fin de recuperar las cabezas al culto, éstas, encerradas en sendos relicarios de plata, permanecieron en la iglesia baja del Santísimo Cristo y desde donde se sacaban en procesión hasta el altar de la iglesia superior en las grandes fiestas, como sucede en la jornada de la solemnidad de San Emeterio y San Celedonio, cada 30 de agosto.

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