23 December, 2014

Queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, miembros de vida consagrada y fieles laicos:

El curso 2010-2011, después de orar y realizar las debidas consultas, reabríamos el Seminario Menor en nuestra Diócesis de Santander, ubicado en Monte Corbán. Renacía “como la pequeña semilla, como el grano de mostaza o como la levadura de las parábolas del Reino” (Carta pastoral, 30 de agosto de 2010).

Hoy, a pesar del pequeño número de seminaristas (3), doy gracias a Dios por la decisión tomada animados por la palabra del Señor que nos dice: Rema mar adentro y echad las redes para pescar (Lc 5, 4) y No temas, pequeño rebaño (Lc 12, 32).

El Seminario Menor es un medio privilegiado junto a otras formas vocacionales existentes en la Diócesis: el Seminario Menor en familia; el Proyecto Samuel; las convivencias de Monaguillos; GenteCE. Estas formas deben alimentar y reforzar el Seminario Menor, que sigue siendo vital en la pastoral vocacional. Quiero agradecer la labor dura y difícil de los Superiores del Seminario y de los Responsables del Secretariado de Pastoral Vocacional y de la Delegación de Juventud. Es una tarea que hay que seguir apoyando, fortaleciendo y redoblando.

El Seminario Menor es una Institución, querida por la Iglesia, que ha dado frutos en nuestra Diócesis. La experiencia de muchos sacerdotes, entre los que me incluyo que ingresé con doce años en un Seminario Menor, me lleva a reafirmar la actualidad y necesidad del Seminario Menor, con las adaptaciones propias de los tiempos actuales. El Beato Papa Juan Pablo II estaba convencido de que “la vocación sacerdotal tiene con frecuencia un primer momento de manifestación en los años de la preadolescencia o en los primerísimos años de la juventud” (PDV 63).

En el Seminario Menor se pretende crear un ambiente de familia, de amistad, alegre y juvenil, en el que junto al estudio serio, el deporte, la formación en las virtudes humanas, se cultive también la vida de oración, iniciando a los seminaristas en el trato y la amistad con Jesús, en la devoción filial a la Virgen María, en la experiencia del sacrificio y del servicio generoso, especialmente con los más pobres.

Pero el Seminario Menor solamente será posible con la ayuda de Dios y la colaboración de todos, especialmente de los sacerdotes. Por eso desde esta carta pastoral hago una llamada apremiante a la responsabilidad de los sacerdotes.

Ellos han de ser los primeros interesados por esta Institución. Su amor a Jesucristo, a la Iglesia y a su sacerdocio les impulsará sin duda a descubrir y cultivar los gérmenes de vocación que apuntan en sus monaguillos, en los niños de la catequesis y en los jóvenes de las parroquias, poniéndoles después en contacto con el Seminario o con el Secretariado de Pastoral Vocacional.

Apelo también a la generosidad de los padres y madres de familia, que deben considerar como una gracia que Dios se fije en alguno de sus hijos para ser sacerdote. Mi llamada se dirige también a los catequistas, profesores de religión y educadores de juventud, que pueden ser buenos mediadores entre el Señor que llama y los niños, adolescentes y jóvenes, presentándoles la belleza de la vocación sacerdotal.

Necesitamos insistir en la oración de toda la Diócesis al Dueño de la mies para que bendiga el Seminario Menor y nos conceda muchos, generosos y santos sacerdotes.
Con mi afecto, gratitud y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander

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