VIDA CONSAGRADA CONTEMPLATIVA

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El domingo, 3 de junio,  celebramos la “Solemnidad de la santísima e indivisa Trinidad, en la que confesamos y veneramos al único Dios en la Trinidad de personas, y la Trinidad de personas en la unidad de Dios” (elog. del Martirologio Romano). En esa Solemnidad celebramos también la Jornada Pro Orantibus. Es un día para que valoremos y agradezcamos la vida de los monjes y monjas, que se consagran enteramente a Dios por la oración, el trabajo, la penitencia y el silencio. Toda la Iglesia debe orar al Señor por esta vocación tan especial y necesaria, despertando el interés vocacional por la vida consagrada contemplativa.

La exhortación apostólica del Beato Juan Pablo II, Vita Consecrata, en el número 8, describe así la naturaleza y finalidad de  la vida consagrada contemplativa: “Los Institutos orientados completamente a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura. En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del Pueblo de Dios” (VC 8).

El lema  de este año es: “Contempladlo y quedaréis radiantes” (Sal 34, 6). En la vida de los monjes y monjas se cumple lo que anuncia el salmista. La vida contemplativa es epifanía, en la que podemos contemplar el rostro de Cristo, como Pedro, Santiago y Juan en el monte Tabor (cfr. Mt 17, 1-13).

La contemplación es luz de la nueva evangelización. Los contemplativos evangelizan con lo que “son”, más que con lo que “hacen”. Su propia vocación y consagración son ya instrumento de evangelización. Lo más esencial de la nueva evangelización de los monjes y monjas es mostrar a los demás la belleza de la misma contemplación. Las personas contemplativas nos ayudan a experimentar el misterio insondable de Dios, que es amor.

En nuestra Diócesis de Santander tenemos once comunidades de monjas contemplativas y una comunidad de monjes contemplativos. En esta Jornada Pro Orantibus damos gracias a Dios por este inmenso don a nuestra Iglesia Diocesana, les agradecemos su vida contemplativa y oramos por ellas y ellos.

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