PEREGRINACIÓN A LIÉBANA

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Uno de los signos de la Conmemoración Jubilar Lebaniega es la peregrinación.
Alude a la condición itinerante del ser humano, que concibe su existencia como camino. Desde el nacimiento hasta la muerte, la condición de cada uno no es otra que la peculiar del homo viator (hombre en camino). Ya lo expresó significativamente el poeta castellano Jorge Manrique en sus célebres Coplas a la muerte de su padre: “Este mundo es el camino / para el otro, que es morada / sin pesar, / mas cumple tener buen tino / para andar esta jornada / sin errar”.
La Sagrada Escritura manifiesta en numerosos pasajes el valor de ponerse en camino hacia los lugares sagrados. Era tradición que el israelita fuera en peregrinación a la ciudad donde se conservaba el arca de la alianza, o los santuarios de Betel y de Silo. Jesús, María y José peregrinaron también a la ciudad santa de Jerusalén (cfr. Lc 2, 41).
La historia de la Iglesia es la diaria peregrinación, que nunca acaba. En la peregrinación a Roma, Tierra Santa o hacia los antiguos y nuevos santuarios dedicados a la Virgen María o a los santos, muchos fieles de todas las épocas han alimentado su fe y piedad.
La peregrinación evoca el itinerario personal y comunitario tras las huellas de Jesucristo redentor del hombre: es ejercicio de laboriosa ascesis, de arrepentimiento por las debilidades humanas, de constante vigilancia sobre la propia fragilidad, de la peregrinación interior para la conversión y cambio de corazón.
La peregrinación es un camino exterior e interior. Exterior, porque partimos de un lugar y llegamos a otro, como caminó Jesús con la cruz a cuestas desde el Pretorio de Poncio Pilato hasta la cima del Calvario. Interior, porque entramos dentro de nosotros mismos, para encontrarnos con Dios, a través de la escucha de su Palabra, de la oración personal y comunitaria, de la celebración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, signo de unidad y vínculo de caridad con Dios y con los hermanos.
La peregrinación a Santo Toribio de Liébana ha de suponer un renovado impulso en nuestra Diócesis para renovar la fe y vivir la caridad: niños, jóvenes, adultos, sacerdotes, consagrados y fieles laicos, Parroquias, Unidades Pastorales, Arciprestazgos, Vicarías Territoriales. En estas peregrinaciones son esenciales los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía.
Como Obispo y Pastor de la Diócesis exhorto vivamente a todos los diocesanos a realizar estas peregrinaciones a Liébana y a participar en ellas con espíritu de renovación cristiana. Vayamos jubilosos a venerar el Lignum Crucis, emblema glorioso de la historia de Liébana, centro de la fe y del sentido de nuestra vida cristiana. Por la cruz hemos sido salvados y redimidos.
Debemos prepararnos para conseguir los frutos espirituales. Animo de manera especial a los jóvenes a que peregrinen a Liébana, después de la rica experiencia de la peregrinación de la cruz por nuestra Diócesis, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Fue una experiencia gratificante para muchos jóvenes y mayores, y una siembra de esperanza.

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