HOMILIA OBISPO INAUGURACION CONMEMORACIÓN JUBILAR LEBANIEGA. MISA DE APERTURA

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“Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero”. Aleluya

Saludo con particular afecto fraterno al Sr. Arzobispo Metropolitano de Oviedo, Mons. Jesús Sanz; a los hermanos, Mons. Gabino Díaz Merchán, Arzobispo Emérito de Oviedo, que ya estuvo aquí el año 1972 en el Año Santo; a Mons. Camilo Lorenzo, Obispo de Astorga y a Mons. Julián López, Obispo de León, que concelebran esta Eucaristía, como miembros de nuestra Provincia Eclesiástica, tan vinculada a este Monasterio por razones históricas y de fe. Es un signo de nuestra mutua hermandad y de comunión con el Sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI.

Un saludo respetuoso para las Excelentísimas e Ilustrísimas autoridades, que nos acompañan; para los alcaldes de Camaleño, Potes y de la zona de Liébana; para el Cuerpo de la Guardia Civil.

Saludo al Sr. Vicario General y miembros de la Comisión Diocesana; a los Srs. Vicarios Episcopales Territoriales.

Saludo al nuevo P. Ministro Provincial de la Provincia Franciscana de Aránzazu y a la Comunidad de Padres Franciscanos de Santo Toribio, Custodios del Santuario y del Lignum Crucis.

Saludo al Sr. Arcipreste y sacerdotes del Arciprestazgo de la Santa Cruz, y al resto de hermanos sacerdotes y diáconos; al Sr. Rector y a los seminaristas de Monte Corbán.
Un saludo agradecido al Sr. Presidente y a los miembros de la Cofradía de la Santísima Cruz, que promueven con celo a lo largo de todo el año el culto al Lignum Crucis.
Un saludo cercano para los Medios de Comunicación Social, especialmente para los televidentes de Popular TV de Cantabria y de Televisiones Populares de otros lugares de España; asimismo un saludo cordial para los oyentes de Radio María.

Inicio:

Queridos religiosos, miembros de vida consagrada, fieles laicos de Liébana, de Cantabria y peregrinos venidos de otros lugares de España. Para todos: Paz y Bien.

1. Solemne apertura. Con la gracia de Dios y con la autorización de la Santa Sede, a través de la Penitenciaría Apostólica, abrimos solemnemente los Actos de la Conmemoración Jubilar Lebaniega, con motivo del Vº centenario de la concesión de la Bula del Papa Julio II, el 23 de septiembre de 1512, que autoriza la celebración del Jubileo de “Santo Toribio de Liébana”.

Es un tiempo de gracia y salvación, en el que Dios nos llama a todos, pastores y fieles, a una profunda renovación de nuestra fe y vida cristiana. Es una oportunidad para peregrinar hasta este Monasterio de Santo Toribio, ganar la indulgencia plenaria y venerar el Lignum Crucis, la reliquia insigne del trozo mayor del madero de la cruz, que se conserva aquí desde el siglo VIII y que fue traída desde Jerusalén en el siglo V por Santo Toribio, Obispo de Astorga. Estemos atentos en este tiempo para escuchar la voz del Señor y poner en práctica lo que el Espíritu Santo dice a nuestra Iglesia (cfr. Ap 2, 7).

2. Domingo segundo de Pascua o de la Misericordia. Inauguramos hoy esta Conmemoración Jubilar Lebaniega, que se clausurará en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, con la presencia del Sr. Nuncio Apostólico de Su Santidad, Mons. Renzo Fratini. Lo hacemos en este segundo domingo de Pascua o de la Misericordia, en la octava de la Pascua, en que resuena vibrante el canto del aleluya y el mundo entero se desborda de alegría.

Jesús resucitado nos da la paz: “Paz a vosotros”. Por tres veces se repite en el Evangelio de hoy este saludo pascual. “La paz es el don por excelencia de Cristo crucificado y resucitado, fruto de la victoria de su amor sobre el pecado y la muerte. Al ofrecerse a sí mismo, víctima inmaculada de expiación sobre el altar de la cruz, difundió sobre la humanidad la ola benéfica de la Divina Misericordia” (Juan Pablo II).

El Señor resucitado trae y ofrece a todos los hombres el don divino de la paz, fruto de la alianza nueva y eterna sellada con su sangre en el madero de la cruz. Es la paz que nace de una profunda reconciliación y renovación del corazón. Ha sido introducida por la Pascua de Cristo. “Él es nuestra paz” ( Ef 2, 14): con su cruz derribó los muros del odio y de la división, haciendo las paces, para crear en Él un solo hombre nuevo (cfr. Ef 2, 15).

Signo elocuente de esta nueva creación realizada es el Espíritu Santo, que Cristo resucitado exhaló sobre los apóstoles. Este soplo trae a la mente el momento de la creación en el libro del Génesis (cfr. Gn 2, 7), cuando Dios hizo del ser humano un ser viviente; este aliento evoca también la gran promesa hecha por Dios a su pueblo: “os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo” (Ez 36, 26).

El amor derramado en los corazones por el Espíritu (cfr. Rom 5, 5) es vida nueva, es amor que reconcilia, es amor que une en una misma comunión a quienes estaban dispersos o divididos por el pecado. “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo”, hemos escuchado en la primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles ( cfr. Hc 4, 32) (1ª lectura).

La comunión de los creyentes, que les lleva a poseer todo en común y a dar testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor, tiene a Jesús como centro. Como hemos escuchado en la primera carta de San Juan, todo el que cree en Cristo vence al mundo, por la victoria de la fe, y permanece en comunión con Dios y con los hermanos (cfr. 1 Jn 5,1-6) (2ª lectura). Es una fe, nutrida del amor, que lleva a guardar los mandamientos.

3. Comienzo de la Visita Pastoral. Coincidiendo con la Conmemoración Jubilar Lebaniega, se abre la tradicional “Vez” de todos los pueblos de Liébana. Hoy inauguramos también en este Arciprestazgo de la Santa Cruz la Visita Pastoral, conforme al programa que ya está preparado.

“La Visita Pastoral es una de las formas, confirmadas por los siglos de experiencia, con la que el Obispo mantiene contactos personales con el clero y con los otros miembros del pueblo de Dios. Es una oportunidad para reanimar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos; es también la ocasión para invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida cristiana y a una acción apostólica más intensa” (Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, n. 220).

4. Veneración del Lignum Crucis. En esta Eucaristía volvemos la mirada y el corazón a la cruz exaltada y transfigurada. Al alba del tercer día, la cruz reventó en vida y resurrección. El amor no podía quedar estéril, porque el amor es fecundo y engendra vida.

Al venerar hoy y durante este año el Lignum Crucis, nuestra veneración no se queda en el insigne trozo del madero de la cruz, el mayor del mundo, sino que acaba en Cristo, que ha dado la vida por amor en la cruz.

Él nos ha redimido, nos ha comprado con el precio de su sangre preciosa. Por eso aclamamos el misterio de la cruz con esta preciosa laudatio. “Salve, altar precioso; árbol florido; madero del que brota la vida; madero donde el hombre vuelve a ser libre; jardín del Hijo del Padre; columna elegida; lámpara del universo; luz de las estrellas; muro indestructible; puerta del paraíso; auxilio de los pecadores; árbol hermoso donde se recogen los frutos mejores; roca sobre la que se construye la Iglesia”.

La Eucaristía, que estamos celebrando, es memorial sacramental de la muerte de Cristo y de su resurrección gloriosa. Que ella sea para todos nosotros fruto de vida y salvación. “Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu Cruz has redimido al mundo”.
Amén.

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