FELICITACIÓN PASCUAL

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Queridos diocesanos. ¡Feliz Pascua de Resurrección en este año 2012!

Resucitó el Señor del sepulcro, que por nosotros colgó del madero. Aleluya. Al alba del tercer día, la cruz reventó en vida y en resurrección. El amor no podía quedar estéril. El amor nunca es infecundo. El amor siempre es vida. La cruz es luz. Y la cruz floreció hasta la eternidad.

La Resurrección es el misterio que lo resume todo. “Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados[…] Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto” ( 1 Cor 15,17-20). Nada podrá ya con nosotros. Nada podrá ya apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús: ni la espada, ni el hambre, ni la sed, ni la desnudez, ni el peligro, ni la persecución, ni la enfermedad, ni la muerte (cfr. Rom 8, 37-39). En todo vencemos por Aquel que nos ha amado hasta hacerse cruz redentora, cruz florecida, cruz transfigurada, pascua sin ocaso, humanidad nueva y definitiva, aurora de eternidad. El Calvario no es sólo el monte santo de la cruz, sino también el jardín de la resurrección, la montaña sagrada de la luz y de la vida.

La cruz, signo de amor, acaba siempre en resurrección. Lo que el invierno es para la primavera, es la cruz para la resurrección. “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos” ( 1 Jn 3, 14).

La Pascua es el tiempo de la alegría, porque Cristo “es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo destruyó nuestra vida y resucitando restauró la vida” ( Prefacio Pascual I). Finalmente triunfó la vida. Ahora la última palabra la tiene no la muerte, sino la vida, por eso podemos saltar de júbilo y cantar, porque Dios ha hecho maravillas: “Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Ps 117).

El signo de una existencia cristiana es la verdadera alegría. Se trata de vencer a la tristeza y al miedo. Hay que formar comunidades pascuales, que vivan e irradien la alegría, aun en medio de las dificultades y pruebas. El mejor testimonio de la comunidad cristiana primitiva “unida en la Palabra, la Eucaristía y el servicio” era “la alegría y sencillez de corazón” (Hc 2, 47).

En el tiempo de Pascua, volvemos la mirada y el corazón a la Virgen María, “causa de nuestra alegría”, y cantamos la antífona Regina coeli laetare. Aleluya. Reina del cielo, alégrate. Aleluya.

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